10 abril, 2011

Inteligencia emocional


Los espejos nunca se llevarían bien con Naldo, algunas personas tampoco pero ya estaba acostumbrado. Toda su vida había sido así y se sentía atrapado en un cuerpo que no le pertenecía. Cada tanto, alguien descubría que detrás de sus manos entumecidas o de su dificultad en el habla, era un ser humano con todas sus facultades intactas. Más de una vez sus conocimientos superaban a los “normales” de su entorno. Tenía una solidaridad que pocos se tomaban el tiempo en descubrir.

Había leído más libros que muchos mortales. Eran asombrosos sus conocimientos de literatura, historia, derecho y hasta manualidades. Había desarrollado la habilidad de hacer las cosas con otros métodos.  Lo más valioso de Naldo era su inteligencia emocional. La gente evitaba hablar con él y cuando lo hacía, lo trataban como un pequeño niño, por eso lo miraban sin ver y a veces no lo miraban. Llegaban a hablar de temas en su presencia como si no entendiese. 

Era un alma y una mente en un cuerpo equivocado.
A lo largo de los años conoció un puñado de personas que realmente lo vieron. A cada uno les conquistó el corazón y lo tuvieron como amigo. La meta que tenía en la vida, siempre fue sólo una, que lo tratasen como un par. Y en algunos momentos, oportunamente, sintió  con satisfacción que lo logró.

2 comentarios:

+queunperiodico dijo...

Naldo debería estar más en el mundo, en lo sencillo y no perderse en los libros o en el laberinto de los espejos. Naldo debería ser menos arrogante, creo.

Cecilia dijo...

Estimado Jorge de +queunperiódico: Los ojos humanos también son espejos y demuestran los que uno quiere ver o evitar ver. Desgraciadamente, Naldo (con otro nombre y otra historia personal aún más difícil) existe. Gracias por comentar.