12 septiembre, 2013

La joven del laúd


¡Qué día, por Dios! Yo con mi vestido blanco hasta los pies y el manto azulino, cubriendo mi cabeza. Aquí todo el tiempo. Y el dueño del anticuario decide moverme del escaparate principal para colocarme en un estante lateral.
¡Qué osadía! ¡Tratarme así a mí! A una hermosa joven, esbelta y delicada, abrazando un laúd junto a su pecho. ¿Cómo pudo mudarme de mi sitio por esa escultura de una cortesana con los brazos en jarra?
Hoy las horas no pasarán nunca. Dudo que lo soporte. Y el dueño que habla con todos… que muestra la lámpara veneciana… el jarrón pintado a mano por una dinastía china o la fina terminación de la mesa laqueada. Y yo acá en este estante! ¡No Señora de los dedos regordetes, no me levante! ¡Y encima, mira mi base! Si Señora, soy yo. ¡Colóquese esas gafas!. ¡Tenga en cuenta que soy de cerámica pero mi alma es de por-ce-la-na!
Y ahora me deja en otro lugar, pero aún más desencajada.
¡Por favor! ¡Un alma caritativa que me salve! ¡Necesito unas manos frescas que me acaricien!
El dueño me devuelve al sitio principal, pueda ser que alguien me vea y huya de este abarrotado local. Está pasando una niña que camina con su padre. ¡Qué hermosa se ve tras los cristales! ¿Qué le dice? ¿De qué hablan? ¿Me mira a mí? ¡Que sea yo la elegida de la niña! ¡Que se aproximen, por favor! ¡Si, si, si! Ahora dialogan con el dueño. El amo me sostiene y me pasa a manos de ese hombre. El hombre me muestra de cerca a la niña. ¡Qué ojos de alegría! ¿Qué soy igual a quién? ¿A su mamá cuando era joven? ¿Qué ella tocaba una mandolina mientras yo tengo un laúd? ¡Si, niña, son parecidos! ¡Llévame, te lo suplico!
¡Qué suave son tus manos! ¡Qué tierna tu mirada! Si la niña sonríe es que el padre ha aceptado. Buscan mi caja. Me guardan con extremo cuidado y me voy convertida en su fino regalo.



Nota aclaratoria:
El presente monólogo interior a partir de un objeto, ha sido realizado como técnica de escritura en el Taller Literario de la Escritora Anny Guerrini. En primer lugar debimos describir una escultura en forma objetiva y como segunda parte de este proceso, realizar un monólogo interior.

6 comentarios:

@RosaMaNM dijo...

Magnífico resultado del ejercicio de taller de escritura que comentas; nos transportas al interior de la escultura, a la felicidad que siente cuando observa esos ojos infantiles, siente con esas manos que apenas empiezan a tocar la vida y esa sonrisa que desboca un corazón de porcelana que tiene alma!
Felicidades Cecilia!!!!
Las palabras traspasan a la piel!O al menos yo he vivido esa sensación!

Javier López dijo...

Interesante práctica...

Cecilia B. Stanziani dijo...

Gracias +RosaMaNM y +Javier López por los comentarios. Realmente me terminé encariñando con la estatuilla que me mostraron para el ejercicio. Ha sido una de las tareas más agradables.

Gerard foz bosch dijo...

muy educativo y original

Enrique Carratalá dijo...

Muy interesante ejercicio. Te ha quedado una redacción muy intimista.

Cecilia B. Stanziani dijo...

Gracias por los comentarios a +Gerard foz bosch y a +Enrique Carratalá. Además creo que Enrique tiene razón algunas connotaciones siempre saltan.